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¿A quién votaría el madridismo?

El entrenador del Madrid, Álvaro Arbeloa, recibió antes de la vuelta de la repesca de Champions una de esas preguntas guionizadas para desviar la atención hacia el máximo rival en tiempos de guerra. El comodín blanco para referirse a un Barça que, hasta hace nada, jugaba el papel de aliado en la Superliga: “No entro a valorar las palabras del candidato Laporta. Para mí, el mayor escándalo sigue siendo que el 'Caso Negreira', el más grave de la historia del fútbol español, siga sin resolverse”.

Lo dijo con retintín, como cuando recuperó la vieja expresión de las bolas calientes antes de un sorteo de Champions. Un marco ideológico de sobra conocido que le consolida como portavoz de un club que mira de reojo el proceso electoral del Barça.

Ambos son, por el momento, entidades de socios, aunque la práctica difiere de la forma atribuida. El 1 de julio de este año se cumplirán dos décadas sin elecciones en el Madrid. En 2006, Ramón Calderón ganó los comicios tras la salida de Florentino como consecuencia del galacticidio. Cuando el actual máximo mandatario regresó tres años después, lo hizo como único candidato. Es una situación que se ha repetido en los últimos cinco procesos, en los que la oposición se ha reducido a protestas en la calle y en las redes.

Nadie ha sido capaz de afrontar los requisitos que Florentino impuso para optar a la presidencia. Aumentó la antigüedad de 10 a 20 años como socio y exigió aportar un aval bancario equivalente al 15% del presupuesto del club, respaldado con el patrimonio personal. Si se toma como referencia el último presupuesto, la cifra rondaría los 190 millones. En la práctica, el proceso se estrecha en el embudo de una élite, frente al camino múltiple del Barça, con proyectos de distinta índole en liza.

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El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, conversa con el banquero Anas Laghrari (Key Capital), en una imagen de 2022.
MARISCAL AGENCIA EFE / EFE
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El oficialismo blanco siempre ha cerrado filas apoyándose en los éxitos deportivos —como la secuencia de Champions— o en los resultados económicos, como haber superado la barrera de los ingresos milmillonarios. Sin embargo, las complicaciones en las obras del Bernabéu, el abandono de la Superliga y, sobre todo, el año y medio sin títulos frente a un Barça al que daban por desahuciado provocaron una situación poco habitual en el estadio: pitos al palco y peticiones de dimisión en el partido ante el Levante.

Del Bernabéu sin Santiago a Anas Laghrari

En el centro de la crítica de un sector de los hinchas blancos —que va del socio tradicional al más joven; uno de ellos fue la única voz disonante en la última asamblea— está la falta de información. Por ejemplo, el reciente pacto con la UEFA, despachado con un simple comunicado. O la explicación apresurada sobre la utilización de “Bernabéu”, sin “Santiago”, en la denominación comercial de un estadio convertido en sede española de la NFL, pero también foco de frentes judiciales. A ello se suma el descuido en detalles simbólicos, como que las insignias a los socios más veteranos ya no se entreguen de forma presencial.

De fondo aparece la entrada de un socio inversor, cuyo debate y aprobación estaban previstos para comienzos de este año. No hay más datos al respecto. Tampoco sobre figuras como Anas Laghrari, el financiero franco-marroquí que se ha convertido en un aliado estratégico de Florentino. ¿Podría ser el futuro CEO del Madrid? ¿Quién sucederá al actual presidente? Son solo dos preguntas que el madridismo debería poder responder con su voto, una figura hoy congelada en la vida institucional del club. ¿A quién elegiría el madridismo?

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