La revelación de Weigandt sobre el vestuario de Boca: "Somos los primeros..."
El lateral volvió al club y ante Gimnasia de Mendoza sumó su tercer partido como titular. Autocrítica y su postura frente al gol que le anularon al Xeneize en el primer tiempo.
Bernie Ecclestone, expresidente de la F1, muy contundente con Aston Martin: "El título mundial no se puede comprar"
En un mundo como la Fórmula 1, ser una potencia a nivel económico es imprescindible. Lo es porque, a pesar de que se traten de coches de carreras, existe un trabajo detrás incalculable a nivel de infraestructura, personal o poderío que puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso. Y así como es imprescindible, el dinero en la Fórmula 1 no lo es todo para ser campeón.
Es algo que sucede en casi todos los deportes, pero que se amplifica en la categoría automovilística con suficiente claridad. A pesar de que la inversión en tantos proyectos a lo largo de la historia haya sido faraónica, son pocos los equipos que acaban quedándose en la Fórmula 1. Menos aún los que compiten por la victoria. Y solamente uno quien termina llevándosela.
Lo ha aprendido Aston Martin estos años a base de golpes. Lawrence Stroll llegó en enero de 2020 para cambiarlo todo a base de talonario; adquirió Racing Point -antes Force India-, modernizó el equipo y se preparó para dar el gran salto. Su única obsesión era ser campeón del mundo y no escatimó en gastos para hacerlo. Desde fichajes estrellas a otros equipos a infraestructuras dignas de película que pocos equipos tienen. ¿Qué podía salir mal?
Pues prácticamente todo. No existe mejor ejemplo que esta misma pretemporada en Aston Martin, donde con Newey y todo a los mandos, el equipo verde parece partir por detrás incluso de Cadillac, recién llegado a la categoría. ¿Y por qué sucede eso?
La respuesta la tiene Bernie Ecclestone, expresidente de la FIA, que recordó a todos que hay algo más importante que el dinero en la F1: "El título mundial de Fórmula 1 no se puede comprar", avisó. "Si todo no sale bien, te pasarás la vida entera persiguiendo el éxito. Por eso siento lástima por Lawrence Stroll", expresó sobre el mandatario de Aston Martin.
Qué mejor ejemplo que Ferrari, la escudería más histórica de todos, una auténtica potencia en lo deportivo y en lo económico, que está a punto de llegar a los 20 años sin oler un título mundial. Ecclestone lo explica: "Ferrari ilustra a la perfección que siempre falta una pieza en el rompecabezas del título”, dijo Ecclestone. “Llevan casi 20 años buscando las piezas que faltan, a pesar de contar con las mejores condiciones, los mejores pilotos y el dinero necesario”.
En este sentido, Bernie sí tiene claro qué equipos lo tienen todo para triunfar: "Creo que Audi tiene los ingredientes para un primer año exitoso en la Fórmula 1. Los equipos de la zona media están muy parejos en términos de velocidad y Audi tiene una oportunidad en esta batalla. Confío en que Gabriel Bortoleto vaya a ser una seria amenaza para Nico Hülkenberg. Este joven brasileño es muy rápido y es capaz de ser campeón del mundo en el futuro", ha expresado Ecclestone para cerrar.
2-3 | Bil y Mario Soriano le tiran un salvavidas a un Deportivo de mínimos
Ese deportivista que se dejó la garganta celebrando el 2-3 de Mario Soriano es el mismo al que no le gusta lo que ve. Hace semanas, hace meses... El Dépor, en pleno naufragio y con uno más en el campo, fue rescatado por el delantero de su filial, Bil Nsongo. Su maniobra fue sencilla, plena, armónica, ahora mismo imposible de ver en el resto de delanteros del primer equipo. 2-2 y el Deportivo, por fin, creía. Empujó en los últimos minutos hasta que el madrileño embocó esa pelota en profundidad. Un triunfo en el descuento que no hace justicia a lo que se vio sobre el terreno de juego y que sienta bien, pero algo extraño, en el paladar. El Deportivo estuvo a punto de perder, en teoría por un error en cadena, pero en realidad porque aún no sabe qué equipo es ni tiene un plan ajustado a sus cualidades, que son múltiples, a pesar de que hay futbolistas que a día hoy son sombras de lo que eran o de lo que pueden ser. Perdidos, sin guía. Los números y el paso de los días dicen que el equipo coruñés está empatado con los conjuntos en ascenso directo, pero lo que se ve, lo que se palpa, más allá de la apuesta para cada partido, es que es un grupo sin brújula, que no sabe lo que quiere y al que le falta consistencia en su propuesta para aspirar a un ascenso a Primera. Sigue ganando tiempo, ya no sobra. La Real B y Fraga le desplegaron la alfombra roja tras el pitido inicial y parecía que ni así. Astiazaran y Ochieng dieron las estocadas de un filial que fue mejor de cabo a rabo hasta que apareció Bil. El crédito va al límite entre el deportivismo, a pesar del triunfo.
Justo cuando el Deportivo se disponía a coronar el segundo tercio de Liga, Hidalgo quiso inventarse en el once inicial otro Dépor, que no deja de ser ese Dépor que llevaba meses persiguiendo, con algún que otro bandazo. Según sus palabras, ese juego directo de Ferllo a Eddahchouri de hace una semana ante el Eibar no estaba en los planes y por eso, para desactivar las tentaciones, ahondó en su apuesta por futbolistas para tener la pelota. No estaba Yeremay y se iba también Villares al banquillo para acomodar a Soriano con Riki, a Luismi y a Mella en cada banda y a Zaka junto a Stoichkov en zona ofensiva.
Y al Deportivo se le abrió cielo en el minuto dos cuando casi ni siquiera era consciente del tacto de la pelota. Un balón colgado por Luismi que fue veneno para el meta de la Real Sociedad, Álvaro Fraga. Entre el sol y sus propias dudas por alto, le regaló una tercera posibilidad a Stoichkov que no desaprovechó. 0-1, minuto 3. El viento a favor y en el escenario ideal para ejecutar el plan de Hidalgo, un nuevo ensayo, pero ya en el mes de marzo.
Los primeros minutos, tras el tanto, mostraron a una Real B acogotada y a un Deportivo que, a pesar de sus instintos, buscaba masticar las jugadas. Todo partía de Riki e iba escalando para buscar superioridades, aunque en los últimos metros seguía adoleciendo de profundidad. Por momentos, lo mezclaba con presión arriba y algún robo. De hecho, en uno casi marca Stoichkov de nuevo, después de lanzarlo David Mella. Al Dépor le tiraba un poco el traje, pero intentaba encajar el cuerpo, que se hiciese la nueva prenda. Poco a poco, como en la primera vuelta, el filial le quitó la careta de grande, de ogro, al Dépor y se lanzó a meterle la mano. Ya no tenía miedo. Quería la pelota, pretendía progresar. Lo hacía. El partido empezaba a ser suyo, ante todo por la banda izquierda, pero mezclando su juego.
Cogió definitivamente el asa del encuentro en una pelota suelta en la que Ochieng descargó un disparo que pegó en Altimira y al que Ferllo acertó a meter la mano para mandar la pelota al palo. El rechace le quedó a Astiazaran y la mandó a la red. Minuto 23 y todo volvía a la casilla de salida, pero con la Real Sociedad B ya desmitificando a un Deportivo al que le costaba defender, sobre todo, porque había metido en el campo Hidalgo a futbolistas para tener la pelota que no paraban de perseguirla, de hacer esfuerzos defensivos. Futbolistas equivocados para un contexto de partido erróneo. No competía, se aguantaba a duras penas, porque no era capaz de llevar el partido a donde le convenía.
Así se llegaba a un descanso en el que el Deportivo debió dar por bueno el 1-1 porque el filial, pleno de confianza y desafiante, tuvo varias oportunidades para ponerse por delante. El equipo coruñés, con Mella desaparecido y con Luismi desconfigurado, solo amenazaba con algún pase en profundidad de Almitira a Eddahchouri. Poco, muy poco. Como casi siempre últimamente.
Cambios que le desnudan
A Hidalgo, amante de los equipos armados y competitivos, poco o nada le debía estar gustando lo que veía. No hizo los cambios al descanso por higiene de vestuario, pero en diez minutos ya estaban Patiño y José Ángel en el campo. Un equipo más orgánico que pareció darle un aire, tímidamente fue progresando hacia la portería rival. No pintaba mal, incipiente, pero claro, todo saltó por los aires en cinco minutos.
Una pelota en la banda que no pudo proteger Charlie Patiño acabó en Loureiro, quien dio un siempre desaconsejable pase al corazón del área del que no se responsabilizaron ni Ferllo ni Noubi. Apareció entonces Ochieng como un mercancías para hacer el 2-1. Golpe cuando el partido parecía cambiar, aunque, en realidad, al Deportivo no le condenan los accidentes, sino él mismo.
El tanto golpeó a un Deportivo que no era capaz de atacar a un filial en crecimiento y que dominaba la escena. Estaba más cerca el 3-1 que el 2-2. Los coruñeses ni tenían la pelota, menos tiraban a puerta. Solo la fogosidad malentendida de Mikel Rodríguez le llevó a ver una doble amarilla en unos minutos que le dio una vida extra al Deportivo, un cuarto de hora más descuento con uno más.
Ni se notó en los primeros instantes, esa fue la realidad. Solo esa pelota que cazó y cruzó al palo largo Bil Nsongo consiguió revivirle. A partir de ahí, creyó, aunque sin jugar en exceso, y embotelló a un contrincante, ya sí, lleno de miedos. El gol tampoco se palpaba en el ambiente, pero llegó esa jugada de banda a banda y esa pase en profundidad a Mario Soriano para que el madrileño le pegase con toda el alma. Marcó, celebró, descargó toda la frustración. También el deportivismo.
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Crónica del Elche-Espanyol: El Elche se queda con el menor de los males
El Elche-Espanyol se había anunciado como el duelo entre los dos peores equipos de Primera División en 2026 y lo ocurrido durante el mismo dejó muchas muestras del motivo de ello. Un partido en el que ambas escuadras ofrecieron destellos de su gran rendimiento hasta Navidad, pero sobre todo demostraron el motivo por el que todavía no han ganado desde diciembre... y siguen sin hacerlo.
En clave franjiverde, el Elche se quedó con el menor de los males posibles, un empate obtenido a última hora gracias a un penalti transformado por Rafa Mir, bajo la lupa de la denuncia por insulto racista de El Hilali en el momento del lanzamiento, y que se señaló porque el VAR advirtió al árbitro principal, que no vio una mano absurda del espanyolista Romero a la salida de un córner, en pugna con Petrot. El lateral intercambió roles en ese momento, pasando de héroe a villano para su equipo y de verdugo a salvador para los ilicitanos, ya que media hora antes había firmado el 1-2 con un preciso remate con la zurda a la escuadra.
Era una final. Y el Elche la quería jugar, a su manera, y ganarla. Sin embargo, la peor noticia local no fue ni la prolongación, al menos una jornada más, de su mala racha ni los dos puntos que se dejan de sumar, que hubiesen venido de perlas para afrontar con cierto colchón las inminentes visitas a Villarreal y Real Madrid; sino la carencia de juego, de estilo, de patrón. El tantas veces mentado «proceso» se ausentó en la primera cita realmente clave, con mucha presión, del curso.
Sin orden
Al Elche le faltó, una vez más, orden defensivo. Y no tuvo, esto es menos habitual, rigor en ataque. Fue a por Dmitrovic de manera compulsiva, sin pasar por el ABC del libreto de Sarabia, posiblemente acuciado por las prisas de tantas semanas sin ganar y del tempranero tanto de Kike García, que a los seis minutos aprovechó un robo de su equipo en el área rival, la mala disposición sobre el césped de Bigas y el exceso de confianza de Dituro para abrir el marcador con un matemático punterón a la contra, apoyándose en el poste.
El 0-1 obnubiló a todo el Elche, excepto a Febas, demasiado solo en labores organizativas. El catalán incluso se cabreó con Mir tras una sobresaliente conducción que el atacante finalizó muy mal. Pese a las malas sensaciones, los franjiverdes se fueron al descanso con una sonrisa, tras un afortunado empate conseguido vía rebote, en un despeje de Pol Lozano que dio en Marc Aguado y se introdujo en la portería perica; y un paradón de Dituro a Pere Milla que sirvió al argentino para resarcirse y que impidió la «ley del ex».
En la segunda parte el Elche debía remontar, utilizando a su favor el factor campo y la vía emocional de haber solventado una situación angustiosa. En cuestión de segundos se demostró que cuando un equipo está en mala dinámica, lo malo puede mutar a peor. De un tanto cantado de Mir, que remató al muñeco, al golazo de Romero, en otra acción a campo abierto defendida de manera horripilante por los franjiverdes, ya sin Bigas en el campo, que dejó su sitio en el intermedio a Chust. Romero superó con facilidad el tibio marcaje de Tete Morente y dibujó un remate imparable, otra vez apoyándose en el poste, como Kike García.
Final taquicárdico
Llegaron entonces los nervios. Las prisas por encontrar antes el remate que el pase. El gol que la ocasión. A Diang le anularon un tanto por fuera de juego antes de que El Hilali alzara la voz y señalara a Rafa Mir por algo que el murciano le dijo en un pique entre ambos. No había que ser demasiado imaginativo para encontrar el motivo de un parón que el colegiado clarificó cruzando sus brazos, activando el protocolo contra el racismo. Y que parecía beneficiar al Espanyol. Mal Mir, dijera lo que dijese.
Porque, además, justo al reiniciarse el juego, Terrats tuvo el 1-3 en otro desorden atrás local. El mediocentro, como hicieran sus dos compañeros en los goles anteriores, trató de apoyarse nuevamente en el poste para sentenciar al Elche, pero esta vez la madera fue benevolente con los franjiverdes y repelió el disparo hacia afuera. Sin embargo, hacía falta algo más. Y ese algo llegó por un error ajeno y no un acierto propio.
Por algo el Espanyol es el equipo en peor dinámica de 2026. Con todo a su favor, en un córner, Romero sacó una mano a pasear. La pelota golpeó en ella, el VAR avisó al árbitro y Mir demostró que algo de valentía tiene en su carácter, al menos en su faceta puramente futbolística. Engañó a Dmitrovic y firmó unas tablas que el descuento no movió. No hubo heroica. Y el Elche se quedó con un mal menor.