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Independiente no cayó en su nueva visita a Mendoza, pero Gustavo Quinteros degustó otro vino avinagrado

Mendoza sigue siéndole esquiva a Independiente, que este martes cerró su “tour” por la provincia al jugar frente al ascendido Gimnasia por la séptima fecha del Torneo Apertura, poco después de la derrota ante Independiente Rivadavia. Esta vez rescató un 1-1 en un encuentro que tuvo similitudes y diferencias respecto al del sábado, en el que la intensidad se prestó más para el choque que para el buen juego. La perla de la noche fue un golazo de Santiago Rodríguez, mientras que la buena noticia para el Rojo fue la aparición de Ignacio Malcorra.

Era una suerte de revancha pronta. Tres días después de que se le escurriera el triunfo contra la Lepra mendocina, también en Cuyo (revirtió un 0-1 y terminó perdiendo por 3-2), el Rojo regresó a la tierra del buen vino para que, después de tantos malos tragos en su historia, de una vez por todas le dieran de beber una cepa sabrosa. Por otro lado, reponerse inmediatamente de la primera caída en el certamen era una obligación para no perder la confianza, que antes estaba en alza.

Como en casi toda la jornada (la excepción fue lo ocurrido en San Lorenzo vs. Instituto), los equipos salieron al campo de juego con sus indumentarias y no con las remeras en apoyo a la dirigencia de AFA. Eso sí: en el mundo del revés que suele ser el fútbol argentino, se alteraron los colores –algo coordinado con antelación: el conjunto blanquinegro jugó de rojo, y el visitante, con la camiseta alternativa, mayoritariamente blanca. Detalles tan minúsculo como inentendible.

Lo importante estaba en las acciones. Y en ellas hubo un Independiente mejorado respecto al primer tiempo y el desenlace del encuentro pasado. La mesa servía posibilidades múltiples, especialmente por su rival, que apenas había ganado en su hogar en una ocasión y contaba cuatro tropiezos en seis fechas. El inicio del equipo dirigido por Gustavo Quinteros fue intenso, propio d un cuadro hambriento de puntos, pero resultó apenas un pestañeo. Al Rojo le cuesta sostener su ritmo prometedor y los desarrollos desembocan en esta irregularidad colectiva e individual.

Lautaro Millán se mostró tan comprometido como errático en las decisiones con la pelota; Gustavo Quinteros decidió que fuera el primer sustituido, antes del segundo tiempo.

En dos minutos de juego presionó alto, se hizo el protagonista principal y forzó dos tiros de esquina, pero cuando el entrenador pedía serenidad para controlar la circulación, apareció la repetición de errores del sábado pasado: desentendimientos, displicencia, imprecisiones varias y pelotas divididas en las que el conjunto mensana le ganó de guapo. Un ejemplo de todo aquello fue un gran quite de Lautaro Millán en su área, que el mediocampisa decidió completar con un intento de un caño en una zona sensible: la jugada no salió y el equipo volvió a perder la pelota inmediatamente. Por eso y algo más, el DT decidió que Millán fuera el primer reemplazado, en el descanso.

El confuso combo duró un extenso período, y tuvo sus mayores impactos del tercer minuto al quinto. Incluyó un remate de media distancia de Nicolás Linares, que exigió a Rodrigo Rey, y un sorprendente golazo de Santiago Rodríguez: tras un saque lateral (todo un detalle), el Rojo no logró cortar una combinación entre Facundo Lencioni y Fermín Antonini, que lanzó un centro a media altura y se topó con el pecho de ‘Mortadela’; éste, luego de un pique, sacó un zurdazo bombeado ante la mirada atónita de zagueros y el arquero, que ingresó contra un costado de la red.

A Gimnasia, más voluntarioso que claro en sus intenciones, la catarata de desprolijidades ajenas le permitía mantener la idea prima de jugar de igual a igual. Eso era la llave que podía rescatar al visitante. Porque siempre que tuvo espacios en el campo del Lobo y la búsqueda podía ser ejecutada de manera directa, los de Avellaneda erraban por la incapacidad de fluir, no por un bloque imposible de romper. Hasta que la resistencia se derrumbó en un momento propicio.

Y un protagonista se desahogó: Malcorra. Tras un contragolpe iniciado desde su zurda para una corrida directa de Matías Abaldo contra la última línea, el balón quedó boyando en la puerta del área al hombre del pelo semilargo, que abrió su pie hábil para colocarlo esquinado. A los 42 minutos, como para que el equipo se encendiera con miras al segundo tramo tras un primero que estuvo cortado permanentemente, demasiado acelerado, ante espectadores propensos al zapping. De hecho, de un gol al otro no hubo acciones peligrosas.

La jerarquía del exvolante de Rosario Central era buscada desde el comienzo del año, y algo mínimo, insuficiente, había sido vislumbrado en el pasado encuentro. Su festejo, con la boca bien abierta y puño apretado, puede indicar que la mochila quedó en Mendoza: fue el primer gol de Malcorra en el club.

Lejos de la vorágine que Independiente protagonizó el sábado, esta vez no hubo sorpresas en el segundo período. Todo lo contrario: ambos equipos se repartieron la posesión y la tendencia a las malas decisiones. Como una de Sebastián Valdez sobre el epílogo: el defensor se confió en su gambeta en una salida, estando amonestado derribó a Blas Armoa y recibió la tarjeta roja.

El colombiano Santiago Arias se ganó un lugar como defensor lateral derecho por lo realizado frente a Independiente Rivadavia, pero este martes, al igual que el resto, bajó el nivel.

Incluso, desde los bancos de suplentes parecieron interpretar el desarrollo con diferentes urgencias, quizás por tanta confusión: a los 27 minutos Ariel Broggi ya había hecho cuatro cambios, y Quinteros dispuso el segundo recién a los 36.

Gimnasia e Independiente Brindaron poco y se llevaron menos. Quizás, para el cuadro mendocino resulta más valorable, tras una racha inicial muy adversa; para el Rojo, en cambio, implica haber profundizado las dudas y el descontento.

Síntesis de Gimnasia (Mendoza) 1 - Independiente 1

“Estamos preocupados porque no mantuvimos el nivel futbolístico que tuvimos contra Lanús. Hoy no tuvimos funcionamiento”, admitió Quinteros tras el 1-1. “No me preocupan los centrales, ni cosas tácticas o físicas. Me preocupa no superar a los rivales futbolísticamente. No jugamos como podemos jugar. Esperemos mantener una regularidad. No me gustó cómo generamos fútbol”, extendió la autocrítica el director técnico, que profundizó la autocrítica: “No estuvimos a la altura de lo que tendría que ser Independiente. Hay que jugar una buena cantidad de minutos en alto nivel y no cometer errores”.

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