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El Valencia se agarra al giro de Ramazani

Hay fichajes que completan plantillas, otros que elevan el nivel competitivo y luego están los que le dan un giro total a su equipo. En ese último escalón empieza a situarse Largie Ramazani. Porque el fútbol no espera a nadie, pero de vez en cuando ofrece segundas oportunidades. Y el extremo del Valencia CF no la ha dejado escapar. Hace apenas unas semanas, su nombre aparecía con frecuencia en las quinielas de salida. Su protagonismo era residual y su futuro, incierto. Hoy el escenario es bien distinto, Ramazani ha encadenado varias titularidades consecutivas y ha pasado de actor secundario a pieza determinante en el esquema de Carlos Corberán. El mejor ejemplo llegó en el derbi ante el Levante UD. En el Ciutat de València, el extremo fue decisivo. Abrió el marcador para dar un golpe de autoridad al partido y marcó el camino hacia un triunfo que, más allá de los tres puntos, tuvo un fuerte componente simbólico: el Valencia logró imponerse en los dos derbis de la misma temporada por primera vez en su historia.

Giro total

Cuando se abrió el mercado invernal el pasado 1 de enero, el futuro de Largie Ramazani en Mestalla parecía más fuera que dentro. Su primera vuelta había dejado más dudas que certezas y en el club no se descartaba un movimiento que cortara la cesión. La prioridad deportiva estaba clara, incorporar un delantero y un extremo que elevaran el nivel competitivo de la plantilla. El ‘9’ llegó con la cesión de Umar Sadiq y el extremo, en realidad, ya estaba en casa. Los números explicaban el contexto. A 1 de enero, Ramazani apenas había disputado 133 minutos en LaLiga y no había sido titular en ninguna jornada. Un papel totalmente secundario al que se sumó un contratiempo físico que le hizo perderse seis partidos por lesión.

El giro de Largie Ramazani va mucho más allá de una cuestión estadística. No se explica solo con minutos, goles o titularidades. Es un cambio simbólico, anímico y competitivo. El belga ha recuperado algo que parecía perdido: la confianza. Y con ella, ha transformado el rostro de un Valencia atascado en fase ofensiva, sin profundidad, sin desborde y sin amenaza real por fuera. Ramazani ha aportado justo lo que se le presupone a un extremo de sus características: Velocidad, verticalidad, uno contra uno, atrevimiento y capacidad para encarar. Pero, sobre todo, ha devuelto al equipo esa sensación de desequilibrio constante que no se había visto en Mestalla en toda la temporada. Y cuando ha tenido opción, ha sido decisivo. En LaLiga, el extremo suma 14 partidos, con 3 goles y 1 asistencia, 3 en los últimos 5 partidos (Espanyol, Levante y Villarreal) acumulando 368 minutos y dejando actuaciones cada vez más determinantes. En la Copa del Rey, ha participado en 4 encuentros, aportando 1 gol en 239 minutos. En total, cinco tantos entre ambas competiciones que reflejan su evolución. Ramazani también ha asumido galones en momentos de máxima presión, encargándose de lanzar los penaltis, una responsabilidad que confirma la confianza del jugador.

El sorprendente dato

Sin embargo, el dato que mejor explica su cambio de chip no está solo en el área rival. Está en su implicación defensiva. En La Cerámica, ante el Villarreal, fue el jugador del Valencia con más recuperaciones: ocho en total. Una cifra que refleja su compromiso e intensidad. Pero no se quedó ahí, en ataque fue también el futbolista que más remató del equipo (3), el tercero con más pases en el último tercio (13) y uno de los que más centros puso (2), así se ha ganado la confianza de Carlos Corberán y las últimas titularidades.

Conexión con Sadiq

Una de las claves del crecimiento de Ramazani tiene nombre propio: Umar Sadiq. La química en la delantera no es casualidad. Es complicidad, conocimiento previo y memoria futbolística compartida. El nigeriano también aterrizó esta temporada en el Valencia CF, aunque su llegada se cocinó meses antes y a fuego lento en verano cuando no se pudo llegar a un acuerdo con la Real Sociedad a pesar de las intenciones del propio jugador. Finalmente, el movimiento se concretó en enero. Y desde el primer día, Sadiq empezó a sumar. No solo se complementan sobre el césped, también mantienen una relación personal sólida como ha podido verse en las redes del Valencia. Se conocen bien de su etapa en la UD Almería, donde fueron piezas fundamentales en el ascenso a Primera División. Aquel curso dejó cifras que explican su conexión: Sadiq fue la gran referencia ofensiva con 18 goles, mientras Ramazani aportó desequilibrio y verticalidad desde banda con 8 tantos. En Valencia, bajo la presión de la pelea por la permanencia, la sociedad se ha reactivado. Ante el Levante UD, ambos fueron los goleadores, firmando una actuación que recordó a sus mejores días en Almería y que alimenta la esperanza valencianista.

Un camino a seguir

La reacción de Largie Ramazani ha marcado un camino claro en el Valencia CF, en el tramo decisivo del curso no basta con esperar, hay que dar un paso al frente. El extremo pasó de tener un papel secundario a encadenar titularidades y aportar goles. Ese es el ejemplo que ahora el equipo necesita que sigan otros nombres propios.

Uno de ellos es Javi Guerra. El centrocampista tiene talento, despliegue y llegada, pero el Valencia necesita su versión más determinante. Más liderazgo con balón, más continuidad en los 90 minutos y mayor peso en los momentos calientes. El de Gilet está llamado a ser el motor del equipo, el futbolista que marque el ritmo y asuma galones. También está el caso de Arnaut Danjuma. Su capacidad de desequilibrio es incuestionable, pero el equipo necesita regularidad. Más constancia en el uno contra uno, más presencia en el área y, sobre todo, cifras. En una pelea por la permanencia deben convertir el talento en goles y asistencias. Y en ese mismo escenario aparece Diego López, un futbolista con desborde y personalidad que puede aportar frescura en banda. Tiene condiciones para romper partidos, pero el siguiente paso es sostener ese nivel jornada tras jornada y asumir responsabilidad en el último tercio como ya hizo en su año debut con el Valencia.

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