El comportamiento de los padres es el principal espejo en el que se miran los niños para construir sus propios hábitos. Según la neuroeducación, el cerebro infantil aprende y se moldea principalmente a través de la imitación gracias a las neuronas espejo. David Bueno, neuroeducador e investigador de la Universidad de Barcelona, advierte sobre esto. Según explica, si los adultos al llegar a casa encienden la televisión o miran el móvil de inmediato, los niños tienden a imitar ese hábito.
Los niños aprenden principalmente a través de la observación y la imitación de sus figuras de referencia. El experto señala que "la exposición temprana a las pantallas puede influir en la forma en que se desarrollan las conexiones cerebrales durante la infancia". Por ello, recomienda limitar su uso en las primeras etapas de la vida y priorizar actividades más sensoriales y activas.
Evitar las pantallas antes de los 5 años
A su juicio, antes de los cinco años es preferible evitar las tabletas y apostar por el juego libre con materiales sencillos como bloques, papel, piedras o barro. Este tipo de recursos favorecen la exploración, el movimiento y el desarrollo cognitivo.
Bueno destaca también la importancia del contacto con el entorno natural, incluso en situaciones como la lluvia o el barro, ya que forman parte esencial del aprendizaje. Estas experiencias, afirma, ayudan a construir bases cerebrales más sólidas que no pueden ser sustituidas por pantallas.
Diversos estudios recientes en neurociencia apuntan que un uso excesivo de pantallas en edades muy tempranas puede alterar ciertos procesos de maduración cerebral. Aunque algunas áreas se desarrollan antes de lo habitual, este cambio no siempre es beneficioso.
Según estas investigaciones, esta maduración acelerada podría reducir la flexibilidad cognitiva y afectar funciones como la memoria de trabajo o el control de impulsos. A largo plazo, incluso se han observado posibles dificultades en la toma de decisiones y mayores niveles de ansiedad.
Las principales asociaciones pediátricas recomiendan limitar el tiempo de pantalla en niños pequeños y priorizar contenidos de calidad siempre acompañados por adultos. En este sentido, Bueno insiste en que el ejemplo de los padres es determinante.
El neuroeducador subraya que la solución no es prohibir la tecnología, sino aprender a gestionarla adecuadamente. Un uso ocasional puede ser positivo, pero no debe sustituir el juego real ni convertirse en una herramienta habitual para entretener a los niños.