sports

La intrahistoria de la final de Atenas: "Nos equivocamos con Laudrup"

Sábado 14 de mayo de 1994. El Barça protagoniza una última jornada agradecida para los mitómanos: 22:15 h, Camp Nou, José Mari Bakero supera con una vaselina a Unzué y coloca el definitivo 5-2 en el marcador ante el Sevilla.

El estadio azulgrana se entrega a la abundancia del Barça de Cruyff y a un nuevo título de Liga. Pero segundos más tarde el barcelonismo se queda en shock con las noticias que llegan de Riazor: Camarasa comete un penalti a Nando y pone en peligro la consecución de la cuarta Liga consecutiva.

El camino a Atenas (el holandés de la flor)

Ahora es el Superdepor el que tiene la sartén por el mango. Si transforma el penalti, el campeón será gallego y quien lo marque, héroe nacional para siempre. Pero hay un brasileño que quiere esconderse debajo del césped de Riazor. Bebeto, que había sido la fotografía alegre del Dépor, no quiere saber nada de ese penalti.

Image ID:
130344495
La noche más trágica de Djukic
LA OPINIÓN
/clip/f2b00650-13ff-4a90-9270-0ffdfe45e22b_source-aspect-ratio_default_0_x450y201.jpg
900
604

En el banquillo, Arsenio Iglesias recuerda ahora el cambio de Alfredo por Donato, el especialista. En el césped, Djukic no aparta la mirada de la pelota. Y González sigue con la suya, la del central serbio. Instantes después, el meta suplente del Valencia se convierte en leyenda del Barça y Djukic, sentado en el suelo, abatido con sus demonios, es la foto de esa Liga.

Mientras tanto, en el Camp Nou se repite el ritual de los últimos tres años: una vez más, el Barça gana la Liga en la última jornada. El holandés de la flor vuelve a cambiar la historia. El Barça, un equipo históricamente fatalista, es ahora un equipo con la suerte de los campeones y un profeta con estrella.

"No he perdido la esperanza cuando he sabido que habían pitado penalti a favor del Dépor. Todo el mundo dice que es fácil, pero yo sabía que para Djukic sería complicado porque tenía la presión de Galicia encima. Y entonces los 11 metros parecen 100", aseguró Cruyff.

Image ID:
130344434
Las celebraciones del título liguero de 1994
JOSE MANUEL MORILLO / EDECASA
/clip/42a5d256-66af-40fc-bbc7-a21b280cf293_source-aspect-ratio_default_0_x1000y450.jpg
2000
1352

El periodista Joan Patsy, para muchos el alter ego del holandés, lo recordó así: «Yo estaba ahí, de pie en el césped, muy cerca del banquillo. En el campo se hizo el silencio y Cruyff le dijo a Rexach al oído: "Hostia, penalti, Johan". Cruyff se para, levanta la mirada a las gradas, me hace un guiño y me dice: 'Lo para'.

"No lo aguanto más"

La épica de ese título, y los dos anteriores, colocó la figura de Cruyff cerca de la condición divina, por encima del bien y del mal. "Busco la suerte, pero Dios es amigo mío", llegó a decir con insolente seguridad. Como aseguró un socio culé, en mitad de aquellas celebraciones, haciendo referencia a unas palabras del entonces vicepresidente Josep Mussons (“es un enviado de Dios”): "No, no es un enviado de Dios, es él quien nos lo envía".

A la sombra del holandés, un danés cansado de las particularidades de un genio. La elegancia del Dream Team, la croqueta genial, el último pase… ya sabía, cuando acabó el partido, que había sido su último partido en el Camp Nou con la camiseta del Barça. Ni la ovación del público, ni la insistencia de Núñez, ni siquiera la promesa de Cruyff de renovar automáticamente a los jugadores que acababan contrato hicieron cambiar de opinión a Laudrup.

"No lo aguanto más". Dicen que esa era la respuesta de Michael Laudrup al porqué de su adiós.

"El divorcio con Cruyff empezó en el descanso del Burgos-Barça [temporada 1992-93]", argumenta el periodista de TV3, Xavi Torres.

"Laudrup y Hristo pasan unos días de miedo. Los dos sufrían una gastroenteritis importante, pero acceden a jugar. Los primeros 45 minutos acaban con victoria del Barça con un gol de Txiki, pero Johan les clava una bronca espectacular. Los humilla públicamente. Entonces Laudrup y Stoichkov se juran que cuando Cruyff critique a uno de los dos, el otro saldrá en la siguiente rueda de prensa a defenderlo. Después de esto Laudrup dijo que todo se había acabado",

"Yo tenía la certeza, dos meses antes de acabar la Liga, de que Laudrup se iba", apunta Patsy. Pero no era la única vaca sagrada con un pie fuera. Andoni Zubizarreta estaba en entredicho. Julen Lopetegui ya estaba preparado para fichar.

Zubizarreta era de los pocos de aquel vestuario capaces de levantar la voz a Cruyff. Quizás por eso el técnico terminó tomando medidas: "Andoni, te quedas sin el brazalete. Bakero será el capitán". Cuenta Xavi Torres que Salinas fue directo al despacho de Cruyff y le dijo: "Tú le has dado el brazalete de capitán a Bakero, pero nuestro capitán es Andoni".

"¿Alguien ha ganado en este club la Liga, la Champions y un Mundial?"

Los más contentos en la cena posterior al título de Liga eran Romário y Stoichkov. 28 puntos de 30 posibles era una racha impresionante y ellos dos habían sido las figuras más visibles. "¿Alguien ha ganado en este club la Liga, la Champions y un Mundial?", susurraba el brasileño a Hristo en medio de la fiesta.

Los dos bebieron hasta muy tarde, bromearon con los famosos chupachups gigantes y estaban en una nube. En aquel momento, la final de Atenas contra el Milan parecía todavía muy lejana. Y aquel equipo parecía tocado por la providencia. ¿Cómo podía perder la final de la Copa de Europa?

Los malos augurios de la Recopa de Rotterdam, donde el Barça perdió días después de conseguir la primera Liga, no intimidaban a Cruyff. "Era la primera vez que ganaban y había mucha euforia, ahora todo es diferente".

Cruyff prefería fijarse en otras efemérides. Por ejemplo, la victoria del Ajax ante la Juve de Capello en la final de la Copa de Europa de 1973. En aquel Ajax destacaba la figura del 14. "Solo recuerdo que yo era el mejor", declaraba con una sonrisa de oreja a oreja.

Los espías del Milan, Italo Galbiati, el Rexach de Capello, y Gigi Radice, el Bruins Slot del Milan, salieron de Barcelona impresionados con la fortuna del equipo. "Qué suerte, qué suerte tiene este equipo", aún refunfuñaban tras el partido.

Atenas con la cabeza en Barcelona

El Barça aterrizó en Atenas con la cabeza en Barcelona y aún con la resaca de las celebraciones y los elogios. Llegaban los azulgrana a la ciudad de los dioses después de abusar de la divina providencia. Una victoria en la final tenía que ser la guinda del pastel a la temporada.

Hasta Cruyff parecía inmerso en una nube. Ricard Torquemada (Catalunya Ràdio) lo recordó así: "Por primera vez Cruyff se veía superado por la dinámica festiva del entorno. Él, que siempre practicaba un discurso a contracorriente, se deja llevar por la inercia. Era un discurso que no se correspondía con él".

Image ID:
130344325
Los seguidores del Barça, en el aeropuerto de Atenas
ANTONI CAMPAÑA / EDECASA
/clip/07b1ede1-768e-4cc8-a7c3-6fa9d14c7a9e_source-aspect-ratio_default_0_x1000y448.jpg
2000
1345

"El Milan no es nada del otro mundo. Me gusta que haya este ambiente, así los italianos disfrutarán de nuestro juego, porque cosas así no las ven cada día", llegó a decir Johan con su habitual osadía.

"Ellos tienen a Desailly, nosotros a Romario"

Cruyff fue más allá a la hora de comparar a los dos equipos: "Ellos han fichado a Desailly, nosotros a Romario". Cruyff encajó sin problemas el papel de favorito otorgado por Capello. "Nos gusta sentirnos favoritos", dijo el holandés. "Eso quiere decir que nos respetan. Hemos jugado unos últimos 20 partidos fabulosos. Hemos marcado 60 goles y hemos encajado solo 15. Es justo que nos cuelguen esta etiqueta".

"Johan tenía la perspectiva de que el trabajo ya estaba hecho. Estaba orgulloso del equipo y muy tranquilo con la final", sostiene Patsy. Pero Capello lo tenía todo estudiado. Disfrazado de perdedor, estuvo 20 días preparando el partido, estudiando hasta el último detalle de los automatismos de aquel Dream Team, al que por cierto ya había ganado en pretemporada.

Preparó dobles sesiones de mañana y tarde a puerta cerrada. Y encontró en Cruyff a su mejor aliado. Las palabras del holandés eran interiorizadas como una provocación que Capello utilizó para conseguir la mentalidad adecuada y convertir cada entrenamiento en un prólogo del partido. El objetivo: perfeccionar la presión para ahogar al Dream Team.

Capello encontró en las bajas de Baresi y Costacurta otro pretexto para seguir alimentando el papel de víctima. "Si tuviéramos disponibles a todos los jugadores, esta final sería diferente. Pero nos faltan Baresi, Costacurta, Eranio y Van Basten. Es una realidad: el ataque del Barça, con Romário y Stoichkov, está en un estado de gracia y nosotros tenemos bajas importantísimas en defensa".

Image ID:
130344337
Los dos equipos saliendo al césped
ANTONI CAMPAÑA / EDECASA
/clip/abc10f2b-dfd2-41fa-856a-93343cd6265b_source-aspect-ratio_default_0_x1000y446.jpg
2000
1339

La gran incógnita

En el Barça, aunque era vox populi que Laudrup sería el extranjero sacrificado, aún había dudas sobre si sería Koeman el finalmente descartado. "Cruyff visualizaba un Barça con el carácter de Hristo, el gol de Romário y la inteligencia de Koeman. Johan tenía la teoría de que Laudrup se hacía pequeño en los partidos grandes", apunta Patsy.

En el Milan la duda era si Boban estaría a punto o si su lugar lo ocuparía curiosamente el hermano de Laudrup. Boban era, junto a Savicevic, Desailly, Brian Laudrup, Papin, Raducioiu y Van Basten, uno de los siete extranjeros del equipo. "Nuestra defensa es la mejor del mundo porque el mediocampo trabaja los 90 minutos", recordaba Maldini horas antes del partido.

El Milan de Capello era para muchos un equipo doméstico y vulgar. El fantasma de Sacchi lo perseguía en Europa: había perdido la Supercopa y la final de la Champions con el Marsella un año antes. Cruyff, en cambio, representaba la modernidad: "Espero que ganemos la final por el fútbol". Aquella fue bautizada como la final del siglo, pero solo hubo un equipo en el campo.

Image ID:
130344330
Laudrup, la gran ausencia en el once de Cruyff
JOSEP MARIA AROLAS / Archivo
/clip/eb94a081-aab8-4a3a-b8af-a167e2bc7ebc_source-aspect-ratio_default_0_x1000y378.jpg
2000
1134

Pesadilla en el Olímpico

El Milan fue una apisonadora y ejerció tal presión sobre el Barça que acabó por asfixiarlo. El conjunto catalán aguantó el tipo hasta el minuto 22, cuando Massaro firmó el 1-0. A partir de ahí, la caída fue en barrena.

Massaro estableció el 2-0 en el último minuto del primer tiempo y Savicevic, a los dos de la reanudación, dejó al Barça sin opciones y a Zubizarreta perplejo. La guinda la puso Desailly en el minuto 57. Una pesadilla.

Image ID:
130345524
Las dos alineaciones de la final
SPORT
/clip/dcabe04c-fbb2-4c11-97e8-656c287ef88a_source-aspect-ratio_default_0_x657y533.jpg
1314
1600

El plan de Capello había funcionado: el Barça solo encontraba oxígeno en la periferia con Sergi y Ferrer, principio y final del juego azulgrana. Savicevic y Massaro no dejaban pensar a Koeman. Albertini era la sombra de Guardiola y Bakero un juguete en manos de Desailly. El francés parecía un personaje de cómic, de los que caen desde un quinto piso y no sufren un rasguño.

Amo y señor del mediocampo con un Desailly omnipresente, el Milan se lo pasaba bien viendo las caras de Romario y Stoichkov. El marcaje zonal y las ayudas continuas anularon la alegría de los dos delanteros.

El exentrenador del Barça, Carles Rexach, reconoció once años después de la final un error estratégico: "El gran error fue prescindir de Laudrup. Yo hubiera sacrificado cualquier otro delantero".

La imagen de Guardiola, de cuclillas en el césped, con la mirada perdida era una de las imágenes de la final. Y Capello hacía sangre en la rueda de prensa: "Esta final confirmaque el Barça tiene cinco grandes jugadores y el resto son mediocres".

El técnico italiano reconocería en 2024 cuál era su gran preocupación de aquella final. "Me ayudó mucho también que Michael Laudrup no jugara esa final. Recuerdo que cuando vi la alineación del Barça, pensé: ‘Mejor que no juegue’. ¿Por qué? Tenía la calidad adecuada para meternos en problemas debido a su velocidad mental, regate y desequilibrio en el uno contra uno", apuntó hace dos años a El Periódico.

Para Rexach no hubo final. "El Milan fue muy superior. No se pueden buscar excusas, pero hubo algunos atenuantes. El equipo venía de ganar la Liga y tuvimos pocos días para preparar la final. La preparación no fue la correcta y pecamos de prepotencia".

El principio del fin del Dream Team

La derrota en Atenas provocó el desmembramiento del Dream Team. Las salidas más recordadas fueron las de Laudrup y Zubizarreta. La del portero la recuerda el entonces periodista de El Periódico, David Torras.

"Durante el viaje vimos a un Zubizarreta destrozado. No lo había visto nunca así. Me dijo que había alguna cosa más que la derrota y más tarde se supo que Gaspart le comunicó su salida del club en el autocar del equipo".

Torras tuvo la suerte de poder viajar en el avión del equipo con el resto de periodistas. Los aficionados del Barça no tuvieron esa suerte en un regreso que fue aún más doloroso un caos por el colapso del aeropuerto.

Fuente original: www.sport.es →