El Tour homenajea hoy a Indurain con una etapa en la que se espera una dura batalla entre los sprinters y aspirantes a la escapada
Fútbol: poder y resistencia
El fútbol no se escapa de la realidad. El fútbol es espejo de lo social. O se juega como se vive. Pero. ¿Cuál es la sociedad de hoy? Exige una respuesta psicoanalítica: Hoy se perdió el sentimiento de la culpa, la vergüenza. Nadie cuestiona sus yerros o estupideces. mieszalniakolorado.pl
Nadie se avergüenza. Hoy se ha superado aquellas barreras que antes las normas imponían para no desembocar en una hecatombe. Hoy vivimos en una sociedad donde el poder –aquel que viene de cualquier lugar—, más allá de cualquier racionalidad, impone, sus caprichos. El poder concentra la carga simbólica del cinismo, libre de toda culpa, para hacer raja tabla en el mundo.
Entonces, los dueños del mundo, quizás, el ícono más representativo de hoy es Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, por lo menos, él se cree así. Obviamente, como cualquier otro “dueño del mundo” ordena todo lo que le plazca desde iniciar guerras, por doquier, hasta burlarse de cualquier código. En rigor, él se adueña casi de todo, allí el fútbol es solo un ingrediente más del ese combo. Y claro: convence al otro dueño del mundo, pero, está vez, está en un eslabón más bajo que Trump: el señor Gianni Infantino, presidente de la FIFA, dueño del fútbol, a complacer sus caprichos a toda costa. Infantino, dueño del fútbol, pero, en su relación con Trump es un simple lacayo.
O sea: tiene una condición subordinada, porque no solo vendió el fútbol a Trump, sino también su alma. Y, como sucede en estos casos, en su condición de sirviente, Infantino necesita congraciarse con el más poderoso: le condecoró con el “Premio de la Paz” de la FIFA a Trump que tiene en su cuenta personal, haber promocionado varias guerras, la última contra Irán, pero, fue más lejos, pidió algo inimaginable a su lacayo: suspender la tarjeta roja a un jugador expulsado de su selección, la estadounidense, en un previo match contra Bélgica. O sea: pisar las reglas básicas del fútbol. Y, lo peor: el presidente de la FIFA cedió al capricho de Trump. En un campeonato barrial pobre jamás sucedería, allí hay dignidad. Pero, hay justicia divina. Estados Unidos perdió goleado. Jugadores belgas festejaron irónicamente con el bailecito de Trump.
Como estamos en el mundo del trumpismo todo puede suceder y se acopla perfectamente al mundo del infantismo (en alusión a Infantino, como calificó el periodista argentino, Martín Caparros). En el mundo del cinismo, todo vale. Al mundo hecho por el capitalismo. El capitalismo no repara en nada, devora todo, hoy es el fútbol.
La FIFA dice a los cuatro vientos: el fútbol es “apolítico”, pero, felizmente, el fútbol no es “apolítico”, Michel Foucault decía: “donde hay imposición del poder hay resistencia”. Eso sucedió en el campeonato mundial tan desprestigiado, a las imposiciones de la FIFA, en las grietas, aunque simbólicamente, aparecieron actos reivindicativos del fútbol como campo de lucha por el sentido político. Cuando la hinchada de Congo alegre por el performance exitoso de su seleccionado, surgió la imagen de Patrice Lumumba, luchador por la soberanía de Congo del colonialismo belga.
O cuando el entrenador de Egipto dedicó una victoria de su selección ondeando la bandera de Palestina. Herejía en suelo de Trump, avalador del genocidio palestino. No es casual, al filo del partido contra la Argentina, el VAR ignoró un penal a favor de los egipcios que hubiera cambiado el rumbo del partido y, quizás, del propio mundial. Mientras en las graderías, los argentinos festejaban la heroica remontaba contra los egipcios, apareció una bandera: la de Israel. ¿Alguien dijo que el fútbol es apolítico?
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Bienvenidos al show de Conor McGregor: el hijo pródigo de la UFC vuelve cinco años después
Entre el éxtasis, la polémica y el escepticismo. Así llega el mundo de la UFC al regreso de Conor McGregor, la mayor estrella que ha pasado jamás por el octágono. Admirado por muchos y odiado por otros tantos, el irlandés fue capaz de llevar las artes marciales mixtas a otra dimensión y convertirse en uno de los deportistas más mediáticos del planeta.
‘The Notorious’ llegó incluso a liderar la lista Forbes de los deportistas mejor pagados en 2021, por delante de nombres como Leo Messi y Cristiano Ronaldo, algo que explica bastante bien el tamaño del fenómeno. Pero el McGregor peleador lleva casi un lustro desaparecido. Su última pelea fue en el UFC 264, ante Dustin Poirier, una noche amarga en la que sufrió una grave lesión en la pierna y que abrió una etapa larguísima de inactividad.
Ahora, más de 1.800 días después, Conor regresa este 11 de julio para enfrentarse a Max Holloway en el UFC 329, en el T-Mobile Arena de Las Vegas. No es un rival cualquiera. ‘Blessed’ es excampeón del peso pluma, antiguo campeón BMF y uno de los nombres más respetados de la UFC. También es un viejo conocido para McGregor, que ya le derrotó en 2013, cuando ambos todavía estaban muy lejos de ser lo que son hoy.
Un regreso con muchas capas
De cinturones, el irlandés sabe bastante. Conor fue campeón del peso pluma en 2015 con aquel KO a José Aldo en solo 13 segundos, una de las imágenes más conocidas en la historia de la UFC. Un año después, en el Madison Square Garden, volvió a tocar el techo al finalizar a Eddie Álvarez y convertirse en el primer doble campeón simultáneo de la compañía.
Seguramente fue el último gran momento deportivo de McGregor dentro del octágono. A partir de ahí, la superestrella que había enganchado a medio mundo empezó una etapa mucho más irregular, marcada por derrotas, lesiones, polémicas, problemas judiciales, alcohol y todo lo que ha ido rodeando su figura durante estos años.
Durante esta Fight Week, sin embargo, se ha visto a un Conor más calmado. Menos pasado de vueltas, más centrado en hablar de la fe, la familia y la vuelta a la actividad deportiva. Ha repetido que quiere dejar atrás ciertos problemas del pasado y volver a sentirse peleador. “Por el amor al deporte, a mi obra”, dijo cuando le preguntaron por sus motivaciones para volver.
La realidad es que McGregor no tiene demasiado que perder este sábado. Su legado económico y mediático ya está escrito, y su sitio en la historia de la UFC no depende de una sola noche. Pero sí hay una pregunta importante encima de la mesa: saber si todavía queda algo del peleador que cambió la compañía.
La gran duda: cuánto queda del viejo Conor
La pelea será en el peso wélter, una categoría más cómoda para el irlandés en este momento de su carrera. McGregor ha aparecido fuerte, bien instalado en las 170 libras y aparentemente más tranquilo a nivel mental. Pero todo eso tendrá que verse dentro del octágono.
En su mejor versión fue uno de los strikers más peligrosos de la UFC: preciso, rápido en los contragolpes, muy bueno leyendo la distancia y con una izquierda capaz de cambiar una pelea en cualquier momento. Ahora la duda es cuánto conserva de todo eso. El tiempo fuera, la edad, la lesión y la falta de ritmo competitivo pesan. No es lo mismo entrenar bien que volver a una pelea de cinco asaltos contra Max Holloway.
Y ahí está el gran problema para Conor. Enfrente tendrá a un peleador que parece hecho para castigar cualquier bajón físico. Holloway tiene volumen, cardio, experiencia y una capacidad enorme para absorber daño y seguir avanzando. No suele regalar minutos y, cuando la pelea se alarga, normalmente empieza a crecer. Si McGregor no encuentra algo importante en los primeros asaltos, el combate puede irse poco a poco hacia un terreno muy incómodo para él.
Por eso, las opciones de ‘Mystic Mac’ parecen pasar por volver a lo que mejor hacía: controlar la distancia, no entrar en intercambios largos, castigar pronto y encontrar una mano clara antes de que Max coja ritmo. Un triunfo de McGregor cambiaría por completo el panorama de la UFC, porque con Conor de por medio cualquier victoria grande se convierte automáticamente en un debate de cinturón, revancha o superpelea.
Holloway no es una vuelta cómoda
La elección de Holloway no tiene nada de sencilla. Max representa justo lo contrario a un regreso tranquilo. Es resistente, tiene ritmo, boxeo, experiencia y una barbilla que le ha permitido sobrevivir a algunas de las peleas más duras de los últimos años. No pudo ante Ilia, pero eso no quita un ápice de su buen mentón. Además, también llega con sus propias motivaciones después de perder el cinturón BMF en su último combate ante un Charles Oliveria que consiguió dominarle a ras de lona, una estrategia por la que no tendrá que preocuparse este sábado.
Para McGregor, ganar a Holloway sería mucho más que volver. Sería demostrar que todavía puede competir contra un nombre de élite y que su regreso no se queda solo en el evento mediático. Para Max, una victoria serviría para cerrar una cuenta pendiente de más de una década y sumar el nombre más grande posible a su historial. El cheque será suculento y si además te llevas la victoria, 'olé'.
El careo entre ambos fue, como era de esperar, intenso. Conor volvió a tirar de esa mezcla de seguridad, provocación y espectáculo que tantos pagos por evento ha vendido durante la última década. Se encaró con Holloway, lanzó sus gafas por los aires y dejó otra imagen de esas que ayudan a calentar una pelea.
Lo ames o lo odies, el regreso de Conor McGregor vuelve a poner a la UFC en el centro de la conversación. La duda ya no es si la gente quiere verle. Eso está claro. La duda es si, después de tantos años fuera, todavía puede volver a ganar una pelea de este (primerísimo) nivel. El último rival de entidad al que Conor venció por última vez fue Eddie Álvarez hace más de diez años. No es poca cosa.
El PSG se lanza con todo a por el fichaje de Ferran Torres
El futuro de Ferran Torres vuelve a agitarse. La pista que vincula al delantero del FC Barcelona con el PSG, surgida a mediados de junio, ha dado un paso más. Según el periodista Luca Bendoni, a través de Sky Sport, las conversaciones entre las partes avanzan a buen ritmo y el jugador ya habría alcanzado un principio de acuerdo con el club parisino, una especie de pacto a falta de cerrar detalles como la duración del contrato y las condiciones económicas.
El detonante de la operación habría sido la salida de Gonçalo Ramos rumbo al AC Milan, un movimiento que ha obligado al PSG a replantear su ataque y buscar un refuerzo ofensivo de garantías. En ese escenario, el nombre de Ferran ha escalado posiciones hasta situarse en lo más alto de la lista parisina.
Luis Enrique, el gran valedor
Detrás de este interés hay un nombre propio: Luis Enrique. Según la misma fuente, el técnico asturiano lleva semanas presionando a la dirección deportiva para que acelere por su compatriota, cuyo perfil le encanta. Un interés que, además, no es ningún secreto en España. El jugador, por su parte, vería con buenos ojos un traslado a París, lo que complica todavía más el escenario para el Barça.
Las negociaciones entre clubes aún no se han abierto formalmente, pero todos los indicios apuntan a que el PSG lanzará una ofensiva concreta en las próximas semanas.
Una renovación cada vez más lejos
Como ya contamos en SPORT, Ferran Torres acaba contrato en 2027, por lo que el club azulgrana debería renovarle este mismo verano para evitar que dentro de un año pueda negociar su salida con la carta de libertad. El Barça tenía previsto abordar esa renovación, pero el jugador viajó al Mundial sin haber cerrado su continuidad, y según Bendoni el club ya es consciente de que la operación se antoja muy complicada.
Lo cierto es que Hansi Flick cuenta con él. El de Foios se ha reciclado con éxito a la posición de delantero centro, donde ha rendido a gran nivel esta temporada, y tras la marcha confirmada de Robert Lewandowski es el '9' más puro de la plantilla. Ese último impulso le ha consolidado, además, en la selección de Luis de la Fuente.
El 'Tiburón' siempre ha manifestado su ilusión por vestir de azulgrana y conquistar algún día la Champions con el Barça. Pero el mercado aprieta, el PSG acelera y el tiempo corre en contra de la renovación.
Qué fue de Pedro Paulo, el canterano del Real Madrid que comparaban con Vinicius y tuvo un efímero paso por el Real Zaragoza
Hay jugadores que han pasado sin pena ni gloria por el Real Zaragoza durante los últimos años ya sea por la cantera o primer equipo. El División de Honor Juvenil fue el último equipo del club en dar grandes alegrías a la afición al proclamarse campeón de Liga y Copa de Campeones allá por la temporada 2018-19 con Iván Martínez en el banquillo y una plantilla con Francés o Francho como principales emblemas. La hazaña zaragocista le permitió disputar al año siguiente la UEFA Youth League donde desempeñó un buen papel hasta que fue eliminado en La Romareda por el Olympique de Lyon de Barcola, una de las estrellas de Francia en el Mundial.
El División de Honor Juvenil del Real Zaragoza se reforzó con jugadores importantes como Luis Carbonell o Iván Azón, que había sido cedido un año antes al Estadio Miralbueno El Olivar. Uno de los fichajes más sonados llegó procedente del Benfica, uno de los clubes con más renombre a nivel mundial por la calidad de sus canteranos. Se trataba de Pedro Paulo Lubamba, una promesa nacida en Luanda (Angola) que fue captado por los ojeadores del Real Madrid donde logró brillar en todas sus categorías inferiores. El extremo derecho, al que llegaron a comparar con Vinicius Jr, se llevó el MVP de dos ediciones de la Liga Promises (antiguo torneo de Brunete) con el Madrid tal como en su día hizo otro zaragocista como Ander Herrera.
El paso de Pedro Paulo por el Real Zaragoza fue de todo menos prolífico ya que nunca llegó a debutar con Iván Martínez. El angoleño se entrenó con el Juvenil A zaragocista, vivió junto a otros compañeros en la residencia Pignatelli de la capital aragonesa, pero por problemas burocráticos no pudo disputar un partido oficial. Su paso por el club aragonés fue tan efímero que no figura ni en su perfil de Transfermarkt.
Tras abandonar Zaragoza, el extremo se marchó al Union Saint Gillois belga donde tampoco triunfó e inició un periplo por varios equipos de España (Mirandés B, Maracena) y una breve experiencia en Andorra (AC Escaldes). Actualmente, el jugador está sin equipo desde el año pasado cuando sufrió su segunda rotura de ligamento cruzado. Y es que el angoleño ya había sufrido una grave lesión cuando todavía era infantil en el Real Madrid. "Solamente quiero agradecer tu consejo y tu ayuda cuando tuve una lesión, para mi eres una gran persona, trabajador y no sé como definirlo porque no hay palabras para agradecerlo crack", escribía Pedro Paulo en Instagram allá por 2017 junto a una foto de Cristiano Ronaldo.
En busca de un nuevo reto
Pedro Paulo Lubamba es el mejor ejemplo de lo complicado que es llegar al fútbol profesional a pesar de haber brillado en las mejores canteras de toda Europa. Su gran paso por el Real Madrid le abrió las puertas del Benfica donde compartió vestuario con algunos jugadores que han representado a Portugal en el Mundial como el central Tomás Araújo. El club lisboeta anunció su fichaje a bombo y platillo en su web ya que era considerado una gran promesa del fútbol europeo.
El desaparecido medio Relevo hizo una entrevista el pasado mes de abril con Pedro Paulo, que acababa de abrir una peluquería en Alcalá de Henares donde vive toda su familia. Sus regates en la Liga Promises se hicieron rápidamente virales en TikTok con miles de usuarios comparando al angolano con Vinicius Jr. "La gente compara por lo que ve, pero yo soy yo y Vinicius es Vinicius. Tenemos características similares, cada uno es bueno en lo suyo, pero yo tengo un fútbol y él tiene otro. Me halagan ese tipo de comparaciones y estoy agradecido porque significa que algo he hecho bien", afirmó el futbolista.
"A veces hay que dar un paso atrás para sobresalir"
Pedro Paulo sigue sin encontrar equipo desde su salida de Bélgica. "A veces hay que dar un paso atrás para poder sobresalir y siempre digo, con toda la humildad, que no tengo miedo de bajar una categoría, porque yo siempre disfruto del fútbol y estoy feliz donde estoy", confirmó a Relevo hace ya un año. En su perfil de Instagram, el futbolista sigue sin actualizar si ya tiene nuevo equipo, pero sí que ha estado entrenando en solitario para ponerse en forma antes de marcharse de vacaciones junto a sus amigos al Algarve.
