Digamos que, habitualmente, disputar un partido de vuelta con un 4 a 0 en contra es sinónimo de desánimo, pesimismo y catástrofe anunciada. Pero al Camp Nou le gustan estas noches. Cuando todo parece ir en contra es cuando el estadio se convierte en una caldera repleta de fe y optimismo, y esta noche, no será diferente. El campo aún en obras y con un aforo limitado vivirá su primera gran noche pase lo que pase. Que sea una de esas noches especiales nada tiene que ver con el resultado final, tiene que ver, sobre todo, con el ambiente que se vivirá.
Entre culés ya puede percibirse esa energía de partido importante, ese optimismo repleto de esperanza que dará ese plus necesario a los jugadores para que así puedan dar la vuelta a una eliminatoria que a priori parece más que complicada. Si al final acaba ocurriendo el milagro, si al final ocurre lo que ya ha ocurrido en otras ocasiones que parecían igual o peores que las de hoy, pues será la guinda del pastel que todo barcelonista desea.
Es una gesta casi imposible, una quimera utópica. Pero este grupo de jugadores merece que creamos en ellos por muy mal que pinte la cosa; si algo caracteriza este equipo es la diversión en el juego, son esos partidos locos imaginados y dibujados por Hansi Flick que tantas alegrías nos dio el curso pasado. Veremos cómo nos sorprende el míster alemán, si salimos con un falso nueve o con Ferran Torres en la punta, veremos si el joven genio Lamine Yamal está tocado por las musas del fútbol e inspirado como hace unos días, veremos si la defensa demuestra esa seguridad que tanto le está costando demostrar esta temporada.
Si los astros se alinean, todo puede pasar. Delante tendremos un Atlético de Madrid que muy probablemente tenga dudas de si salir a por todas o sacar a pasear el autobús. Y es que claro, viendo antecedentes, yo también tendría dudas de cómo plantear el partido. Se gane o se pierda, se culmine o no el milagro, esta noche viviremos la primera gran noche en un nuevo Camp Nou donde el primer gol lo marcará la afición.